Antes de crear una web, define qué debe resolver.
Un encargo bien planteado permite priorizar funciones, ordenar la inversión y evaluar cada entrega.

Empieza por una tarea concreta
Describe qué debe poder hacer una persona: solicitar una propuesta, consultar un catálogo, reservar una reunión o acceder a documentación. Selecciona una acción principal y las funciones que la hacen posible.
Prepara el contenido esencial
Reúne la descripción de tu actividad, servicios, datos de contacto, imágenes propias y preguntas habituales de tus clientes. Señala quién valida la información y qué materiales requieren producción.
Distingue el lanzamiento de la evolución
Ordena las funciones en imprescindibles, siguientes mejoras y posibilidades futuras. Una primera fase bien delimitada facilita comprobar el recorrido completo antes de incorporar más complejidad.
Acuerda cómo se comprobará la entrega
Define los dispositivos de revisión, formularios, permisos y contenidos que deben funcionar. Incluye la gestión posterior: quién actualiza la web, qué soporte se requiere y cómo se tramitan incidencias.
Convirtamos el objetivo en un encargo.
Comparte el punto de partida para revisar alcance, prioridades y siguiente paso.
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